En un principio la población de Cerdanyola del Vallès significaba para mi: leña. En casa de mis abuelos había una chimenea y de niño de vez en cuando había que ir con la furgoneta de mi padre a Cerdanyola a comprar por leña. Años más tarde el significado cambio al concepto de cine, ya que hay unos cines muy interesantes. Y actualmente con la casi imposibilidad de ir al cine a causa de la prole, Cerdanyola es sinónimo de Feria Medieval  o de acueductos.  Y en el caso que nos ocupa, el segundo tramo. El primero es evidente ya que el camino que va de Cerdanyola a Can Coll pasa bajo sus dos arcos. Pero este segundo está más escondido y además tiene más arcos.

El paseo comienza en la rotonda norte de la Avenida Canaletes donde podemos dejar el coche, cruzamos la riera por un vado de hormigón y por una pista de tierra atravesamos un campo. A la derecha Cerdanyola, a la izquierda el bosque. Cuando la pista va a internarse en el bosque, a la derecha surge un camino un poco más pequeño. Lo seguimos y entramos en una zona de pequeñas huertas, con muros sumieres, zarzas y todo tipo de plantas rastreras y trepadoras. Si nos fijamos, en uno de los últimos huertos de nuestra derecha, veremos lo que queda del antiguo acueducto de Can Canaletes, según parece unos trece arcos aún permanecen en pie.

  • Aparcamiento: 41° 29.06’N, 2° 9.29’E
  • Acueducto: 41° 28′ 47.67″N, 2° 8′ 53.73″E