Sant Miquel del Fai es uno de los destinos clásicos desde Barcelona. Está cerca, es sencillo y se ven cosas variadas. Además nos permite disfrutar de unas buenas vistas, dos cascadas (una muy interesante) y un par de cuevas.

El paseo comienza pagando los 8 euros (2015) de la entrada en la caseta de recuerdos, tras ella viene el edificio del restaurante y después el diminuto monasterio y una alberca con patos y peces dónde, si hay suerte, se precipita una cascada, el Salto del Rossinyol. Todo estos elementos se encuentran en una gran oquedad de la roca, una balma, en catalán.

Pasadas las edificaciones tenemos una pista que va serpenteando el barranco que da al valle del río Tenes. El camino es ancho y totalmente llano apto para carritos de bebes. Hay bancos y árboles donde descansar. Al poco encontramos unas escaleras que bajan barranco abajo hasta llegar a una pequeña gruta sin salida donde encontremos húmedas formaciones rocosas, Las cuevas de Sant Miquel. Arriba de nuevo, más adelante y hay un pequeño lago que inunda una cueva, se encuentra en la pared contraria al precipicio.

La segunda y gran cascada está un poco más allá, el Salto del Tenes. El camino pasa por detrás de la cascada por lo que es normal mojarse o caminar en charcos. El ambiente es más fresco y por tanto hay musgo y helechos por todos lados.

Finalmente y tras pasar el desvío hacia el área de picnic (un pequeño bar y unas cuantas mesas) llegamos a una pequeña ermita y a otra cueva. La cueva de las Tosques. Un pequeño y divertido sistema de cuevas donde se precisa casco (que se proporciona a la entrada de la misma) debido a que son estrechas  por lo que es bastante probable darse en la cabeza si no se tiene cuidado.