Un pueblo dentro de una antigua fortaleza militar que como en muchos pueblos de la zona, destila un decadente aspecto. Mientras que Molló se encuentra en territorio catalán, Prats de Molló se encuentra en la cara norte del Pirineo, siendo el primer pueblo francés tras el Coll d’Ares, caprichos del Tratado de los Pirineos de 1689. Por ese mismo capricho, el pueblo está amurallado, para evitar posibles ataques del sur.

El pueblo engaña de entrada, atravesando el río Tech la visión es bucólica: un trozo de la muralla, un par de restaurantes con terrazas en la calle, una plaza con abundante sombra proporcionada por unos plataneros (de los que provocan alergia), una iglesia a lo alto… y punto. No hay más, el resto son un entramado de callejuelas que suben de manera irregular hasta la iglesia, que domina ese extremo del valle. Y por otro lado, casas que exceptuando unas cuantas de la parte baja, están deshabitadas (desde hace bastante tiempo) y/o habitadas por una populosa población de termitas.

Hay dos maneras de llegar al pueblo: la forma ingrata y la forma incomoda. Cruzando la frontera por el Coll d’Ares hay muchas curvas para subir el puerto de montaña y otras tantas para bajarlo por una carreterilla local de decimosexto orden. Si elegimos el lado francés, nos preguntaremos la razón de hacer curvas encadenadas (ahora a la izquierda, ahora a la derecha) en tramos que ya de por sí son más o menos rectos. En resumen, es un pueblo situado en una situación estratégicamente ingrata.


  • Zona: rural
  • Dificultad: baja
  • Duración:  30 minutos a lo sumo
  • Época recomendada: primavera y verano.
  • Ruta con niños: Muchas curvas.