Una bella ciudad de piedra blanca. A poco más de una hora en coche desde París, encontramos Orleans. Una ciudad vieja, de pequeño tamaño, y se encuentra en la orilla norte del río Loira (pronunciese Luá). En ella, aparte de las tradicionales casas enramadas, podremos encontrar grandes casonas de aspecto señorial construidas con piedra blanca. Además, tanto la catedral, dedicada a Juana de Arco, como el suelo, son también blancos. Allá donde miremos todo lo veremos de un blanco reluciente, solo colorido por los maceteros con flores que salpican las avenidas.

Anécdota: en el centro, al lado de la catedral, encontramos un pequeño descampado de tierra para cuatro coches, que es donde aparcamos. Mientras revisaba que se pudiera aparcar, apareció un hombre mayor con tubos que le salían de la nariz que me preguntó si era español. Me explicó que llevaba 40 años en Francia y que aún no hablaba como un francés. No recuerdo de que parte de España procedía, creo que Cáceres, pero cuando le dije que mi padre era de Mérida se giró y se fue paseando.

Nota: Orleans tiene tranvía, o como mínimo vías de tranvía ya que no vi ninguno. Si circuláis desde el río hacia el centro seguramente lo hagáis por la Rue Royale. ¡Ojo! Los tranvías pasan por el centro y los coches por… ¡los andenes! No atropelléis a nadie.