Para un profano en geografía navarra podríamos dividirla en tres partes, la montañosa y húmeda al norte, una zona menos abrupta y un poco menos húmeda en la zona de Pamplona, y una zona seca y bastante llana al sur. Olite está en está ultima.

En un riguroso agosto visitar Olite a medio día es poco sano por el Sol, por lo que después de aparcar a la sombra en un callejón nos metimos corriendo en la zona antigua. Correteando de sombra en sombra hasta llegar a la bonita plaza de los Teobaldos (dónde está el Parador y la Oficina de Turismo) donde en un bar estuvimos tomando algo. Todo el centro es peatonal y muy cerquita de aquí está otra plaza alargada donde en un extremo tenemos el ayuntamiento y en el otro el castillo de Olite. Como no teníamos ganas de hacer la visita al castillo (por el simple hecho de que estábamos cansados de tanto coche desde Barcelona) dimos una vuelta alrededor suyo. Los torreones con su cubierta negra le dan al castillo un aire como de cuento. De hecho parece que un gigante ha fabricado un castillo con piezas gigantes de Exin Castillos.