El monasterio del Monasterio de Piedra es interesante, pero lo que es una pasada es el parque que hay detrás. El río Piedra es parte fundamental del parque y es llamado así debido a su alta concentración de carbonato cálcico lo que provoca que todo lo que toque el agua se convierta en piedra (¡con el paso del tiempo!). Eso ha creado a lo largo del tiempo balsas, saltos, cascadas o incluso grutas de gran tamaño.

El acceso al parque es mediante una entrada de pago de 15€ (año 2014) o hospedándose en el Hotel del Monasterio. Este acceso permite además del parque, visitar el Monasterio de Piedra y ver una exhibición de aves rapaces.

Después de ver el monasterio, fuimos a ver la exhibición de las aves  (3 pases diarios) y aparte de disfrutar con halcones, águilas, milanos o búhos (entre otros), también descubrimos que la gente no ama su vida. Estos pájaros son grandes, veloces y con unos picos/garras importantes, por lo que si te levantas de tu asiento en medio de la exhibición, es posible que un pájaro de casi 2 metros de ala a ala se estampe en tu cara con el pico por delante. Que estos bichos son listos y tienen reflejos, pero no hagamos el tonto, si te dicen que no pases, no pases y si te dicen que te sientes, te sientas.

Cuando acabó la exhibición de aves, muy chula por cierto, huimos de los suicidas de antes y entramos en el parque. El parque está situado en el valle que forma el río, por lo que tendremos que bajar y subir rampas, y subir y bajar muchas escaleras, pero vale la pena. Hay un itinerario señalizado de unos unos 3 o 4 kilómetros que haremos con mucha calma en unas 3 horas más o menos. Como el agua es omnipresente en el lugar, llevar calzado apto para pisar tierra, barro y piedras mojadas es algo indispensable. ¡Ah! un chubasquero no está de más como veremos más adelante.

Una vez pasados los tornos de la entrada, bajamos por un ancho camino, llegaremos a un llano de altos árboles con un prado a sus pies, donde al lado de los caminos corretean canales de agua. Enfrente, en el lado opuesto por donde hemos bajado, el itinerario nos lleva por fin al río Piedra. El camino asciende primero por rampas y después por escaleras, finalmente volveremos a bajar por el otro lado de la colina. Durante este tramo, el ruido del agua es presente debido principalmente a las múltiples cascadas y saltos de agua, uno de ellos de gran altura.

Otra vez abajo, cruzamos el río por un puente y nos adentramos en las entrañas de la tierra por una galería casi vertical que bajaremos por resbaladizas escaleras. Mientras bajamos podremos ver la cascada Cola de Caballo de unos 50 metros de alto a través de aperturas practicadas en la roca de la galería. Una vez abajo, es hora de ponerse el chubasquero, nos encontramos en una gran cueva de unos 15 metros de alto, al otro lado de la cascada, el techo chorrea, llueve, además el ruido en la cascada al estamparse contra las rocas es ensordecedor. Aquí todo está mojado, el suelo, las paredes…, incluso la cámara se mojará. Si vamos hacia la izquierda hay un pequeño camino de unos 50 metros que se interna en la caverna con lo que podemos admirar un pequeño lago subterráneo de aguas cristalinas de un azul muy intenso. Es un lugar mágico. Volveremos sobre nuestros pasos y saldremos por otra lluviosa galería artificial excavada en la roca.

Ya nos queda menos de la mitad del recorrido, caminaremos alrededor del río Piedra, llegaremos a las piscinas de la primera piscifactoría de España donde se criaban y se crían truchas, ¡qué hambre! y llegaremos al Lago del Espejo. Una poco profunda gran lámina de cristalina agua donde veremos truchas nadar sobre un manto de verdes plantas acuáticas. Bordearemos el lago, pasaremos sobre un puente flotante y nos internaremos en un bosque, al llegar aquí ascenderemos por escaleras todo lo que hemos bajado en la Cola de Caballo. Casi arriba nos cruzamos con otro salto de agua y tras unos lavabos atravesamos otra cueva, esta vez seca.

Nos acabamos de cruzar con el itinerario que hemos hecho antes, justo antes de bajar a la Cola de Caballo. Seguiremos los carteles y volveremos al prado arbolado del principio donde subiremos finalmente por un camino hasta los tornos de salida, no sin antes cruzarnos con un par de saltos de agua más.

Nuestra conclusión es que el sitio vale mucho la pena, está muy lejos de casa (Barcelona) pero es un lugar mágico como he dicho antes. Además sorprende porque para llegar al parque, la autovía recorre zonas secas que si no son desérticas poco le falta. Haces cientos de kilómetros por paramos y secarrales, y de repente un vergel exagerado en medio de la nada.

Hay varias cosas a tener en cuenta:

  • Es de pago, como hemos dicho antes.
  • Un chubasquero para según que zonas es necesario.
  • Hay muchas escaleras, por lo que olvídate de llevar el carrito del bebé.
  • Vas a caminar por tierra o por piedra húmeda o por barro, lleva un calzado adecuado a ello, no vayas con tacones.
  • Dentro del recinto no hay fuentes de agua potable y está prohibido comer, pero si te comes un bocadillo en un banco y no montas mucho follón nadie te va a decir nada. 🙂

  • Zona: rural
  • Dificultad: baja, simplemente hay que seguir el camino
  • Duración:  unas 3 horas largas
  • Distancia:  +/- 3 km
  • Coordenadas: 41° 11′ 35.82435″N, 1° 46′ 57.8867″W
  • Época recomendada: todo el año, aunque en otoño y primavera con las lluvias las cascadas luzcan más.
  • Ruta con niños: Sí, les encantará meterse por cuevas en las que llueve.