Aunque ya hace tiempo para ello, no podemos ir a pasar el día a la playa ya que Nil es muy pequeño, no queremos que se nos ase. Así que este pasado sábado subimos al Montseny para dar un paseo bajo los árboles. Subimos por la carretera que sube desde Sant Celoni a Santa Fe y dejamos el coche en una de las explanadas que hay enfrente del Centro de Información de Can Casades. Normalmente la zona está a reventar de gente pero está vez no había mucha gente, y eso que era la una del mediodía.

Cargamos a Nil en la mochila, cogimos las mochilas con sus cosas y la comida y seguimos la ruta(sentido horario) marcada de color naranja llamada “Empedrat de Morou”. La ruta que es circular y de unos cinco kilómetros asciende suavemente entre bosques de castaños salpicados con algunos ejemplares de acebos de gran tamaño. Un poco más adelante el paisaje cambia y los castaños dejan paso a un bosque de hayedos. Subimos un poco más de manera más enérgica y llegamos a una zona más soleada donde las rocas  aqui y allá empiezan a aparecer.

Finalmente llegamos a l’Empedrat de Morou, no es gran cosa la verdad, una gran mole de roca resquebrajada sobre la cual caminamos, que permite tener buenas vistas sobre el valle, pero poco más. Salimos de la roca y bajamos rapidamente por un bosque de hayas por un estrecho sendero. Habrá grandes paredes de rocas que nos acompañen. Más adelante el caminar se hace pesado, no por la distancia, si no por que el terreno es tremendamente irregular debido a las miles de piedras, cantos y rocas de miles de tamaños y formas que facilitan una torcedura de tobillo. Aquí los palos/bastones son ideales.

Una vez abajo el camino se ensancha, las piedras desaparecen y también por fin, caminamos en plano. A medio camino es tá la fuente de Baladrell, no tiene garantía sanitaria y hay que desviarse 150 metros  a la izquierda, pero hace tanto calor que nos desviamos para refrescarnos. Seguimos el camino marcado por hitos naranjas y empezamos a escuchar el rumor del agua, ya estamos cerca de la presa del pantano de Santa Fe.

En pocos minutos llegamos al pantano, pasamos la Fabriqueta (una casa que hace las funciones de central hidroeléctrica) y paramos a refrescarnos los pies en la riera de Santa Fe. El agua está helada pero a Nil parece no importarle ya que está excitado con el ruido del agua, los arboles, el cielo. Cruzamos la riera de cualquier manera y cambiamos de margen, hacemos un poco el cabra y llegamos al camino que en unos pocos minutos nos llevará de vuelta al coche. En total nos hemos cruzado solo con tres grupos de personas, quizás la gente prefirió ir a la playa ese día.