La forma más cómoda de moverse por París es sin duda el metro

. Con 16 líneas (14 más 2 menores, las “Bis”) y paradas en casi cada esquina es una tontería moverse de otra forma. Aunque a priori pueda no parecer un destino turístico, su diseño y sus peculiaridades son dignos de atención.

Los accesos

Una de las estampas más populares de París son las bocas del metro con un bonito diseño Art Nouveau; mágicas barandillas de hierro forjado y grandes luces rojas de formas orgánicas en lo alto. Podemos toparnos con ellas en el centro de la ciudad.
Lamentablemente las más modernas, más alejadas del centro, han ido abandonando el componente estético y han acogido el funcional. Aunque las originales, a mi parecer son preciosas, quizás por el entorno, lleno de mobiliario urbano, arbolado, etc., no son tan visibles como sería de esperar de una boca de metro.

Los billetes

Los habituales del metro parisino utilizan un sistema de pago llamado NaviGo. Básicamente una tarjeta de plástico recargable personal. En cambio, a los foráneos ocasionales no nos queda otra que usar los clásicos billetes de papel.

Acostumbrado a los billetes de Barcelona, que son tamaño tarjeta de crédito, los de París me parecen de juguete, aunque supongo que el ahorro de papel compensa. Si te ahorras un 20% de papel le haces un favor al medio ambiente. O eso crees hasta que le pides a la máquina expendedora un pack de 10 viajes (ya que sale más barato) y notas que la máquina tarda mucho en dártelo. Y voila, tu pack de 10 billetes en unos perfectos y cómodos 10 billetes individuales de papel… O sea, que de ahorro para el medio ambiente nada.

Las estaciones

Cuando te subes al metro y ves que tienes que recorrer 14 paradas asusta un poco. “¡Voy a pasarme medio día dentro!” piensas. Pero no, las estaciones están tremendamente cerca las unas de las otras y hay montón en cada línea. Es perfecto, allá donde vayas habrá un metro cerca, a no ser que andes haciendo eses.

Encuentras bonitas baldosas blancas biseladas, el nombre de la estación en baldosas azules y los anuncios de las paredes enmarcados con otras tantas baldosas doradas. Bonito de verdad, hasta que te fijas en que es un metro antiguo, y que algunas estaciones se caen literalmente a cachos. Y, además, como pasa tanta gente está un poco sucio también. Pero se lo perdonamos, porque estamos en París, y nos encanta esta ciudad.

Los transbordos

Cuando diseñas una estación de metro una buena idea es situarla en una esquina entre dos calles, así si mañana diseñas otra línea y deseas hacer transbordo con ella, los pasillos de conexión serán cortos. ¿A qué parece una buena idea? Pues bien, claramente no pensaron en ello.
Estamos en el país de la tienda Decathlon, y debieron pensar que debías andar y mucho, sin escaleras mecánicas (hay muy pocas) y a ser posible por largos pasillos que acaban en otros largos pasillos que acaban en otros largos pasillos. No debe ser muy cómodo si viajas con niños o con silla de ruedas. Pero tranquilo, tendrás tiempo de apreciar las baldosas biseladas de las paredes.

Los metros

En general son trenes con solera, de aspecto setentero, con muchos miles de kilómetros a sus espaladas. Pero hacen su función perfectamente, son cómodos y rápidos. Tienen asientos acolchados y en la zona de las puertas los asientos se plegan para momentos de mucha afluencia. Una cosa que me da pavor, es que las puertas se abren cuando el metro llega a estación, pero aún se está moviendo. Y mucha gente sale del vagón cuando aún no ha parado.

Por otro lado, y esto es más una curiosidad, las lucecitas que indican en qué estación estás (termómetros según la jerga ferroviaria), funcionan al revés que en otras ciudades. En París las luces de los termómetros se apagan en las estaciones recorridas. Las luces encendidas son las estaciones que están por llegar.

Principalmente hay dos tipos de metros: de ruedas metálicas y de ruedas neumáticas. Los primeros son los clásicos trenes con ruedas de metal sobre vías, y los segundos, son trenes que tiene ruedas de goma, como si fueran coches, teniendo la ventaja de que son más silenciosos que los de rueda metálica.

El funicular de Montmartre

Es un pequeño funicular para unas 60 personas, que sube al aire libre hasta la basílica del Sacré-Cœur. Es de pago y podemos pagar con un billete de metro, pero con un viaje nuevo. No es transbordo gratuito. Ojo a los amigos de lo ajeno de la estación inferior y superior, pues más de un carterista anda suelto por la zona.