Al igual que casi todo el norte del País Vasco, Hondarribia presenta lo que yo llamo “falta de espacio plano”. Es fácilmente comprobable ya que el casco antiguo se encuentra en un colina baja (era lo fácil), mientras que zonas bajas y modernas se sitúan en antiguas zonas de marismas del río Bidasoa (más complicado ponerse a desecar la ría), como puede ser el mismo aeropuerto, en el border con la ría.

Al contrario de lo que yo pensaba, tanta población en tan poco espacio, aparcar fue sencillo, nada más llegar a Hondarribia, a nos encontramos una zona de aparcamiento, a la sombra de los árboles y gratis, ¡ganga! Como era hora de comer comimos en antes de entrar, en el barra Larra, al exterior, aunque se puso a llover a los postres con lo que tuvimos que huir al interior del mismo. Una vez con el estomago lleno, cogimos los chubasqueros del coche y subimos a ver el pueblo. Como he dicho antes el caso viejo está en una colina, esta está fortificada y por lo que escuché a una guía que llevaba a un grupo de turistas, es la única del País Vasco. Esta zona de calles más menos cuadriculadas ha conseguido mantener la arquitectura típica vasca, simplificándolo mucho esto es madera estructural pintada de vivos colores, porticones, y mucha piedra a la vista.

La parte baja que da al puerto, calles Santiago y San Pedro, siguen con el mismo estilo aunque el color blanco de las casas junto con los colores de la madera le dan un aire más alegre, además como en está zona hay muchos bares, heladerías y restaurantes; la zona está más viva.