Las fuerzas de la naturaleza se habían conjurado a nuestras espaldas para que nuestra estancia en Sevilla y la Feria de Abril se celebrasen a la par, así que no tuvimos más remedio que ir. Palabra.

Estando en Sevilla las referencias a la feria son incesantes, hay carteles en las paradas del bus o metro, en las oficinas de turismo, en las tiendas… y todo bajo conceptos como: “Arte“, “es muy bonito“, “es lo más grande“. Así que nos armamos de valor e iniciamos la marcha.

La forma más cómoda de llegar era usando el Bus Especial de la Feria que se cogía cerca de la estación de autobuses de El Prado de San Sebastián. Allí descubrimos, tras preguntar a una persona de seguridad, que el bus valía 1,6€, aunque si usabas el Bono de transporte (color rojo) era más barato. Nosotros teníamos la Tarjeta del Consorcio (color verde) que servia para todos los transportes de Sevilla, metro, tranvía, bus y que permitía transbordo, pero no para el bus de la Feria… Alguien no asistió al parvulario el día que explicaban la teoría de los conjuntos.

Subimos al bus y descubrimos que todo el mundo iba disfrazado. Los hombres, ya fueran niños, adolescentes o adultos vestían con traje y muy repeinados. Y ellas, todas con vestidos de sevillanas con su flor en la cabeza (flor y pendientes de plástico malo en una alta proporción). Y entre todo ese glamour, nosotros dos en pantalón corto y camiseta de manga corta.

Llegar al Real, el recinto donde se celebra magno evento, fue apoteósico. Literalmente había hordas de vestidos de sevillanas y de trajes que venían de todos lados. Era una turba que se dirigía a la Feria con ansias de consumir pescaito frito y rebujitos a mansalva. Seguro que sacamos una estelada y nos linchan al instante. Impresionante.

A la entrada hay una gran puerta iluminada con miles de bombillas que dan la bienvenida a los visitantes. Lo especial, es que su diseño cambia cada año en conmemoración de algo relacionado con la historia de la ciudad. (el día que pongan LEDs que consumen una birria será el no-va-más).

Básicamente la Feria es una gran explanada de tierra muy fina que lo impregna todo, el albero, con grandes casetas de madera engalanadas con miles de bombillas y farolillos. Estas casetas normalmente son privadas para asociaciones y la gente en su interior come, bebe y se divierte escuchando música en directo o bailando de mejor o peor manera «según el nivel de sangre en el alcohol». Como por la tarde se hacen pases con caballos y estos no llevan pañal, es normal que en el ambiente se note cierto aroma a boñiga de caballo, todo ello mezclado con la fritanga del pescaito frito.

Finalmente, después de alucinar y estudiar la fauna de la zona como si fuésemos exploradores de unas tierras lejanas, marchamos de nuevo en el Bus Especial y disfrutamos la vuelta con los agradables empujones de alguna cuarentona borrachina a la que se le caían los billetes de 50€ de seis en seis (es verídico).


  • Zona: urbana
  • Coordenadas: 37° 22′ 16.287″N, 5° 59′ 50.506″W
  • Como llegar: Bus especial desde el Prado de San Sebastián (Metro y tranvía)
  • Webs útiles: http://feriadesevilla.andalunet.com/
  • Época recomendada: normalmente en abril, pero a veces en mayo. La feria se realiza desde la tarde hasta bien entrada la madrugada.