Zugarramurdi es conocido por las brujas y las cuevas, así que allí que fuimos. Es un pueblo pequeño, aunque más grande que su vecino Urdax, se sitúa en lo alto de una baja colina y básicamente son tres calles que se entrecruzan donde podemos encontrar la iglesia, unos cuantos restaurantes, un par de bares y uno de ellos comunicado con una tienda de… todo.

Tanto la cueva con el museo de las brujas están a las afueras, pero podemos ir andado tranquilamente (como hicimos nosotros) ya que está casi al lado. En nuestro caso ignoramos el museo y fuimos a la taquilla de la cueva, donde una seca post adolescente nos cobró la entrada (creo que 4€ en 2016) y nos dio un plano del recorrido. Un recorrido, que… ¿cómo lo digo?

Te hacen hacer un recorrido por un bosquecillo 20 o 30 minutos, cruzar un río por un puente de madera y ahora ya sí, llegar a la cueva. Que el bosque y el río son preciosos, que no se me malinterprete, pero no sé… yo me imaginaba un complejo sistema subterráneo con no sé, dioramas de que hacían las brujas por allí o como las finiquitaron o para que se ha usado la cueva este tiempo.

A mi la cueva me gustó, me impresionó, es enorme, cave un edificio de 4 plantas sin problemas. Pero la ves en 5 minutos ya que es básicamente un gran tubo natural de 30 o 40 metros de diámetro por unos 200 o 300 de largo, impresiona. Quizás es que me esperaba una cosa que no es.