Dada mi animadversión a volar y aprovechando que Barcelona es un puerto de cruceros importante, nuestro viaje cuando nos casamos fue a bordo de un crucero.  La compañía que elegimos fue la naviera italiana Costa Cruceros ya que por fechas, precios y destinos era la que más nos convencía. La ruta, circular, era: Barcelona – Palma de Mallorca – día de navegación – La Valleta(Malta)Palermo – Civitavechia(Roma) – Savona (Genova) – Barcelona.

 

Embarcando

Y llegó el día, teníamos ante nosotros un exagerado barco de 13 plantas (cubiertas en jerga marítima) más 3 bajo el agua. Era como un enorme edificio que flota en el agua. Impresiona. Antes de entrar por primera vez te escanean la cara con una cámara térmica para saber si tienes alguna enfermedad en las vías respiratorias. Y si la tienes, no subes. Finalmente subes, entras y vuelves a alucinar. Hay una gran sala de varias plantas, con sofás de terciopelo para aburrir, un pianista tocando su piano acompañado de una cantante con un vestido de fiesta. Moqueta mullida por doquier y cuadros y molduras y dorados para aburrir. Ascensores de cristal que suben y bajan. Has entrado en un palacio sin saberlo.

Al instante personal del barco te aborda (nunca mejor dicho) y te anima a que compres un pack de bebidas. ¿Pack de bebidas? Sí, toda la comida en el barco va incluida y es por así decirlo, una semana loca en un buffet libre, y frutas y pasteles adornados y cortados como si fueran esculturas. Toda la comida está incluida, repito. Pero la bebida ya es otra cosa. Cualquier cosa que se pueda beber se paga, ya sea agua, whisky o gaseosa. ¡Y que precios! Así que compras el pack de agua de X botellas de agua. Luego descubrimos que si te ponías pesado con los camareros y lo pedías te podían traer una jarra de agua del grifo gratis (que glamour!).

Bien, ya tienes el agua, a por la habitación. Después de perderte seis veces por corredores, escaleras e interminables pasillos llegas a tu camarote. Las maletas habían llegado antes que nosotros, ¡genial! En nuestro caso y para ahorrar pillamos uno interior, es decir: sin vistas. En realidad no es necesario más, ya que solo pisarás el camarote para dormir. Hay lo necesario. Una mullida cama, cuadros marineros, una ducha, un retrete, una pica, un televisor y dos chalecos salvavidas. Y tu “asistente de camarote”, sí hay una persona dedicada a eso, siempre lo deja todo impecable y nos hacía animalitos con la forma de las toallas. Impresionantes, por cierto. ¡Ah! Y una tarjeta magnética personal e intransferible para cada persona con la cual es posible entrar en el camarote y pagar. Tendrás que asociarla a tu VISA (de crédito, no aceptan de débito).

Mareos

Estamos en un barco y esto implica que se mueve y es posible que se balanceé. Todo previsto, siempre, siempre hay barandillas o pasamanos. En los pasillos, en los ascensores, en la taza del water. Siempre. En nuestro caso tuvimos mucha suerte y no notamos un gran bamboleo. Y excepto por un par de mareos muy pasajeros no hizo falta ni agarrarse a las barandillas, ni atiborrarse a Biodraminas.

El primer semi-mareo lo sufrió Julia y fue simplemente al salir del puerto y ver que nos movíamos desde las cubiertas superiores (la azotea del barco). Como parece que estás en un bloque de pisos se hace raro notar que te mueves. De todas maneras fue un minuto. El segundo mareo me tocó a mi. Era el día de navegación, todo día en alta mar, solo ves mar allá donde mires. Estábamos en la popa (detrás), en la última cubierta cubierta y me quede mirando el mar por un gran ventanal que daba a la popa. Ver como la linea del horizonte sube y baja respecto a la estructura del barco me mareó. ¡Y subía y bajaba mucha distancia! Total, que estuve unos treinta minutos echado en una tumbona hasta que se me pasó. Nada grave.

Evacuación

Evacuar un barco con 4000 personas en su interior no es fácil. Por ello nada más subir al barco estás obligado ir una charla y un simulacro para saber qué hacer en caso de que la cosa se ponga fea. Además, en el televisor del camarote, en el canal interno no paran de ofrecer un vídeo de como evacuar. Y si la cosa se pone realmente fea tienes chalecos salvavidas, flotadores, botes de salvamento y botes hinchables repartidos por toda la nave.

Comidas

Dar de cenar a tanta gente puede ser un desafío a no ser que todo esté muy organizado. Cuando llegas al barco se te asigna un horario de comidas, un restaurante y una mesa. Correcto, en el barco hay varios restaurantes y varios servicios de comidas. Te atenderá siempre el mismo camarero filipino que te entiende a ratos y te sentarás con los mismos compañeros de mesa. Es el momento de usar tu pack de bebida. Atención al espectáculo de los camareros bailando, llevamos cámara tanto de fotos como de vídeo, por lo que quedó documentado.

Las cenas son la ocasión para ir bien vestido. Verás vestidos impresionantes o trajes caros. No escatimes y ponte la corbata o el vestido que compraste en el Primark, sí, ese que no te pones nunca. Eso sí, el aire acondicionado en los sitios cerrados está a máxima potencia, por lo que si no te pones algo con mangas puedes acabar fácilmente temblando de frío.

Sobre desayunos y comidas la cosa es más relajada. Verás gente en tanga (la piscina está al lado) o gente de etiqueta. ¡Todo vale! Y por supuesto come tanto como quieras de los múltiples buffets de las cubiertas cubiertas superiores.

Entretenimiento – por libre

Un barco de crucero no es grande, es enorme. Lo compruebas en tus carnes cuando estando en las cubiertas descubiertas superiores ves el Sol ponerse y deseas hacer una foto a tan magno acontecimiento (que ocurre a diario), pero claro tienes la cámara en el camarote, haces cálculos y decides que “nanay”: a saber: estás en la proa, tu camarote en popa y el barco mide 350 metros. Además tu camarote está en la cubierta segunda y tu en la catorce. Para cuando vuelvas, el Sol se habrá ido a dormir y tu habrás hecho medio kilómetro por laberínticos pasillos y ascensores. Moraleja: ves con la cámara encima.

Costa Cruceros no quiere que te aburras así que puedes ir a misa a la capilla o dejarte más dinero en el casino, que casualmente está al lado de la capilla. Por cierto, el casino es una zona cerrada en la que se puede fumar libremente, por eso la evitábamos a toda costa.

También puedes bañarte en las piscinas o jacuzzis, siempre atiborradas. Ir de tiendas y comprar objetos caros a precios menos caros (en aguas internacionales no hay impuestos). O disfrutar de una biblioteca de madera. Y si te gusta el baile tienes una discoteca con suelo que se ilumina.

Aunque la opción más barata es llevarte un libro a las tumbonas y leer mientras el Sol te quema la piel y la brisa marina te la refresca a su vez.

Si nada de esto te gusta, siempre puedes volver al camarote y conectar el canal porno. Canal que desactivé por error el primer día, ¡cachis!

Entretenimiento – programado

Por la noche, en el camarote, recibes el “diario de abordo” un mini diario de una hoja en que la tripulación te explica en tu idioma lo que puedes hacer mañana: excursiones, cuando es el horario de atraco (un barco no aparca, atraca), los horarios de comidas, espectáculos…

Efectivamente, hay espectáculos. El barco es tan grande que tiene un teatro. Pero un teatro que muchas ciudades querrían. Enorme. Hay musicales, obras de teatro, malabares (en un barco que se mueve!), etc.

Hay un día que te tocará cenar con el capitán. Bueno, en realidad irás al teatro, te servirán un cocktail y el capitán y sus oficiales superiores te saludarán. Y podrás hacerte una foto con él (que no compramos, ahora nos arrepentimos).

Y por las noches en los pasillos había fotógrafos profesionales, con toda la parada puesta, con diferentes fondos artísticos, y elementos decorativos a escoger, por si te daba por hacerte una sesión de fotos (ya la comprarías al día siguiente si querías).

Hay una actividad que me encantó, era una charla en la que te explican como funcionaba el barco. Me resulto muy interesante saber que el barco tenía una especie de alas bajo el agua que lo estabilizaba en caso de mala mar, que lo más peligroso que puede suceder es un incendio, que el barco casi siempre va en piloto automático, etc…

Excursiones

Rara vez el puerto donde atraca el crucero está cerca del transporte público, por lo que la compañía te ofrece una serie de excursiones. Estas excursiones, de pago, normalmente incluyen el transporte, un guía y en ocasiones la comida. Nosotros cogimos dos, una de Roma y otra de Genova. La de Roma fue estresante debido a que nuestro guía debía cobrar por monumento visitado y por dar datos inútiles. El año de construcción puede ser interesante, el peso y el tamaño de cada uno de los monumentos, no, siempre puedes buscarlos por tu cuenta. En cambio en Genova tuvimos a una guía genial que de manera relajada nos enseñó la ciudad.

Otra manera más barata es ir a tu aire, normalmente hay autobuses turísticos que te permiten subir y bajar tantas veces quieras, todo por el mismo precio. El precio suele ser considerablemente más bajo que la excursión del barco, aunque quizás te toque un autobús medio destrozado al que no le funcionan los auriculares y suelen dar explicaciones desastrosas. No te preocupes, cómprate una guía o ya lo mirarás en casa por Internet.

Conclusiones

Realmente ir en crucero es muy cómodo y práctico. Puedes visitar varias ciudades sin tener que cargar la maleta arriba y abajo. Después tienes el tema de la comida y los espectáculos nocturnos que van incluidos. Lo malo, aparte de que se hunda el barco y te ahogues, es lo dicho más arriba, normalmente son barcos tan grandes que tienen que atracar lejos de la ciudad, por lo que tocará patear un buen rato, eso o subir a un bus turístico/excursión programada. Finalmente decir que aunque enorme, el crucero está a rebosar de gente, de culturas diferentes, por lo que es posible que odies el multiculturalismo reinante en según que ocasiones. Italianos gritones, nuevos ricos rusos, etc.

De todas formas es una experiencia que si bien no repetiría (me gusta viajar por libre) sí que aconsejaría, es una manera diferente y calmada de viajar.  ¡Ah! No os he dicho el nombre del barco. Era en el Costa Concordia… tres meses antes y con el mismo capitán Francesco Schettino.