La Costa Brava tiene unos paisajes maravillosos pero encontrar sitio para aparcar en verano es prácticamente imposible. O vives allí o alquilas un apartamento o aparcarás lejos de la linea de la costa, muy lejos. Y si lo consigues el sablazo en forma de zona azul será de aúpa. Recordemos de todos modos que en la Costa Brava el transporte público brilla, pero por su ausencia.

Pero en invierno no, un soleado día de invierno podrás llegar casi a tocar la arena con las ruedas de tu coche. El paisaje sigue siendo maravilloso y si hace un buen día como este pasado día 26 de diciembre, incluso podrás ver gente tomando el sol, mujeres de mediana edad haciendo topless o alguna que otra pareja bañándose sin ropa.

Llegar a esta población en invierno es brutal. Persianas cerradas por todos lados, ni un solo coche aparcado, de hecho no hay casi ni coches. Nadie paseando. Casi podrías hacer un picnic en medio del asfalto y nadie te diría nada. Parece un pueblo fantasma producto de una fuga de material radioactivo. Pero esto es solo en las afueras, para despistar. En las dos calles aledañas a las preciosas calas del pueblo la cosa cambia, hay más vida. No mucha más, no hay que exagerar, aparte de los playeros invernales del párrafo anterior, te encuentras a un montón de franceses que pasean por el pueblo, arremolinándose entre las 12 y la 1 de la tarde en los 4 restaurantes con vistas al Mediterráneo.

Por lo demás, un lugar muy bonito para sacar la cámara de fotos, la de verdad, y disfrutar con las rocas, las calas, las barcas de pescadores y las casas blancas con arcadas.


  • Zona: rural
  • Coordenadas: 41° 53′ 18.85″N, 3° 11′ 5.67″E
  • Época recomendada: lo dicho, si quieres llegar a ver algo, ves en temporada no playera.
  • Ruta con niños: Sí y déjalos corretear por la arena y alas rocas.