5 de agosto de 2015.

Debido al tamaño de Bilbao decidimos destinar todo un día a Bilbao, pero eso nos hizo dudar como llegar allí. Nuestro hotel estaba en una zona industrial de Barakaldo donde la estación más cercana estaba a 20 minutos caminando tras pasar dos autopistas por puentes metálicos con un carrito de bebé. A mi me encanta probar el Metro (o Tranvía) cuando voy a otras ciudades, pero definitivamente no era una opción válida. El coche tampoco, pagar un parquing 10 horas no me parece sano para la economía. En su lugar usamos el Bizkaibus A3336 como nos aconsejo el recepcionista del hotel. Básicamente Bizkaibus es un servicio de buses de color verde que unen localidades de la provincua de Vizcaya (Bizkaibus App Android). Por poquísimo más de 2€ viajamos (2 adultos+bebé) en unos 45 minutos hasta Bilbao, en concreto a la estación de Abando. La estación de Abando viene a ser para los bilbainos lo que Atocha o la estación de Francía es para los madrileños o barceloneses.

Dejamos atrás Abando y cruzamos la ria, ahora estamos a la puertas del casco antiguo de Bilbao y a nuestra derecha tenemos el Teatro Arriaga, que vemos a nuestra derecha. Cruzamos la calle y ya estamos en el casco antiguo. Una zona peatonal con los típicos edificios de la zona, balcones cerrados en madera para que entre la luz pero no el frío. Alguna que otra ikurriña y un montón de furgonetas de reparto a esquivar(era miércoles). Pasamos al lado de la catedral, por la plaza Unamuno y después de compararme un par de camisetas frikis nos dirigimos de nuevo hacía la ria.

Cruzamos por el puente que permite a la calle Buenos Aires cruzar la ria y nos metimos en el ensanche del Bilbao. Las calles entre el norte de la Gran Via y la ria son zona bien, descansamos en una plaza arbolada y proseguimos hasta llegar al museo Guggenheim. Donde después de descubrir que la entrada era de pago salimos a hacer fotos a Pupi, la enorme escultura con forma de perro recubierta de flores y plantas trepadoras. Nos encanta este chucho.

Bajamos de nuevo a la ria por el lateral del museo por una semi-rampa-escalón donde Nil se lo pasó en grande cuando el carrito botaba entre escalón y escalón. ¿Tan difícil es hacer una rampa? ¡Si había espacio de sobra! Abajo correteamos por el parque que hay al lado de la ria y bajamos por ella hasta llegar al Centro Comercial Zubiarte donde paramos a comer. Que es para lo único que sirve, no hay muchas tiendas y te pasas todo el rato subiendo y bajando escaleras o cruzando puentes para ir de un lado a otro.

Después de comer nos dirigimos a la Gran Vía, una calle ancha, arbolada, con edificios señoriales, de tiendas caras. Paseamos un rato por el Corte Inglés (donde compramos un biberón para el mozo) y después por el FNAC (dónde me compre una maqueta metálica de StarTrek, jeje). Curiosamente estos dos establecimientos están el uno al lado del otro.

Ya no sabíamos que ver más, así que recordando al conserje del hotel fuimos en busca de la Alhóndiga, un edifico clásico rehabilitado como centro multidisciplinario. Un antiguo edificio reformado que contiene… nada útil para el turista.  A saber: una piscina para socios, una biblioteca y un cine subterráneo. Por lo demás una sala de exposiciones que para llegar tienes que coger miles de ascensores, un gran espacio vacío en el que no hay nada y un bar de gintonics en una miniterraza para el cual hay que coger otro ascensor. Eso sí las columnas muy interesantes.

Volvimos sobre nuestros pasos y nos desviamos hacia la estación de Abando para esperar nuestro bus. Durante el rato de espera, un hombre nos explico el significado del concepto bilbainada: cosa que se hace sin sentido. Y también estuvimos acompañados de dos mujeres mayores que misteriosamente no cogían el bus de la parada, si no otro de otra parada cercana, aunque aquella disponía de espacio para sentarse. Finalmente cogimos otra vez el bus verde que nos llevó al hotel. Bilbao: ¡hecho!