En metro tardo poco más de 35-40 minutos desde casa hasta el trabajo, pero llevamos un año de reclamaciones por parte de los trabajadores del metro que se están traduciendo en huelgas. Si bien en las primeras ocasiones no se iba del todo mal aun con falta de frecuencias, las ultimas veces además había que sumarle el concepto lata de sardinas. Por lo que he decido darle una oportunidad a la bicicleta, sí, esa bicicleta que me regalón mis padres en un Carrefour, Continente y que excepto por el el plato, la rueda delantera y barro incrustado, está igual que cuando se compró.

El recorrido total, en un sentido, son un poco más de siete kilómetros, mayoritariamente planos y que (ver mapa) alternan tramos de carril bici, zonas de aceras anchas o parques con algún pequeño trozo de calles 30. (Nota: lógicamente la ubicación de mi casa y mi trabajo en el mapa son aproximados)

En dos días de pruebas, un lunes y un martes:

  • Me he sorprendido muy gratamente de la cantidad de ciclistas que respetan los semáforos (tenia entendido por las opiniones de foros y periódicos que no era así).
  • Que el timbre es muy útil para avisar a despistados transeúntes en medio de un conversación telefónica.
  • Que no estoy en forma o que llevo mal reglada la bici, los muslos en algunos tramos se quejan, y mucho. Creo que unos cuernos en el manillar, y un poco de aceite puede que obren milagros. Aún así mi velocidad media es de 11,79 km/h con puntas de hasta 28,22 km/h (según Open GPS Tracker)
  • Que aunque vayas en bici dependes de los coches, en concreto del sentido de la calle, si vas a favor es fácil atravesar cuatro o cinco manzanas antes de encontrar un semáforo en rojo, si vas a la contra, cruzar tres manzanas es un récord.
  • Y que tardo prácticamente lo mismo en metro que en bicicleta, lo cual es sorprendente a priori por la cantidad de veces que estoy parado esperando a que el semáforo cambie a verde.

Así que mi conclusión después de mucho pensarlo es que no lo tengo nada claro. 🙂